En serio, ¿qué es el “contenido”?

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No se puede decir que haya un consenso absoluto a la hora de definir qué es el “contenido”. Se puede ser pragmático, y decir aquello de que contenido es… en fin, lo que solemos entender por contenido: texto, imagen, ya sabes. No obstante, yo prefiero pensar que el contenido es un proceso mental.

Y para explicarme voy a recurrir al libro de María Pinto Molina, Francisco Javier García Marco, y  María del Carmen Agustín Lacruz Indización y resumen de documentos digitales y multimedia: técnicas y procedimientos (Gijón: Trea, 2002. ISBN 84-9704-023-6)  Leer más

Entender la transmisión de mensajes como un  proceso unidireccional es una idealización: las personas interpretamos aquello con lo que interactuamos según nuestra experiencia previa, nuestro conocimiento acumulado o incluso nuestro estado emocional. Claro que los mensajes conservan el sentido que les ha querido dar el emisor, pero la cosa nunca es tan sencilla como eso. Así pues:

El mensaje es sólo un conjunto de señales propuestas por un emisor con el objetivo consciente o inconsciente de disparar procesos controlados de percepción, pensamiento y acción en el receptor. De hecho, es el receptor quien construye un significado para ese mensaje. Significado que constituye un compromiso entre la eficacia de los mecanismos de influencia desplegados por el emisor y los grados de libertad y capacidad del receptor para construir un significado coherente. En definitiva, el significado, sentido o contenido no pertenece al mensaje, no está contenido en él, sino que surge de la interacción entre emisor y receptor a través de, por medio de, un mensaje. (p. 108)

Si lo que llamamos “contenido” no es equivalente al “mensaje”, ¿dónde hemos de buscar el “significado” que se pretende transmitir con el contenido?:

El significado reside en las conexiones entre las representaciones de la realidad que denominamos conceptos y que, posiblemente, tienen una base neuronal. Una parte importante de lo que entendemos por significación es precisamente la trama de relaciones que los conceptos -las unidades de pensamiento- mantienen entre sí. (pp. 110-111)

En fin, todo esto suena un tanto abstracto, lo sé. No obstante, en la economía de la atención, donde el factor limitante es el tiempo que un usuario puede dedicar a una determinada información, comprender los procesos por los cuales construimos significado por medio de un mensaje es de la máxima importancia. Y es que, en buena parte, de ello depende que nuestros contenidos sean, finalmente, valorados como relevantes por los usuarios. Y es por eso por lo que el proceso del sense making, el dar sentido a los contenidos, es tan importante a la hora de llevar a cabo una buena content curation.

Algunos pensaran que lo que menos importa es el encontrar una definición exacta de lo que hemos de entender por “contenido”. Y en parte puede que sea cierto, ya que la falta de una definición clara no impide que se pueda llevar a cabo la “curación de contenidos”. Pero, a mi juicio, una reflexión un poco más detallada sobre este punto puede proporcionar unas mejores guías para entender cuál es el objetivo final de la content curation. Y, de paso, contribuir a la elaboración de mejores prácticas en este ámbito.

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